Nefertiti - La reina.

Su perfil en la novela

Era hija de Ay y una princesa de familias sirio-hitita, llamada Bint-Anat, sacerdotisa e hija a su vez del Gran Sacerdote de la diosa Sol de Arinna en la corte de Tunip, donde vivía y servía su poderosa y rica familia, de la que formaban parte habitualmente las Grandes Sacerdotisas del templo del Sol, la diosa Negra siria, el mayor banco-templo de la región.

Su nombre secreto era Noemí, "dulce, agradable" y en el templo Thetima ("la que honra a los dioses"). Al final de su vida, entre los hapiru con los que se refugió, fue denominada Lapidoth, "mujer de fuerte carácter". Con ellos crió a su pequeño hijo de pelo rojo, Ramsés, que llegó a ser faraón de Egipto tras su posible padre, el faraón Horemheb.

Casada con el joven faraón Akhenatón, al que llevaba cinco años, fue dominada por su suegra y tía, la reina Tiyi. Su mayor pena era no haber tenido un hijo varón viable del faraón Akhenatón, ya que había tenido seis hijas; Meketatón, Meritatón, Ankhesenpaatón, Setepenra, Neferneferura y Neferneferuatón-Tasherit y un varón que murió al poco de nacer.

Compartió con su marido los cambios religiosos y artísticos de la época de el Amarna, y a la muerte de Akhenatón procuró mantener el poder y concebir un hijo, que fuese su heredero de alguno de sus amantes: Horemheb, Yarsu de Zippasla, el príncipe mitannio Ipy-Hor, familia de la madrastra de Akhenatón y el escultor Tutmés, que la inmortalizó en numerosas esculturas, entre ellas el famoso busto que se conserva en el Museo de Berlín.

Nefertiti nunca reveló quien fue el padre de su hijo Ramsés.

Excelente amazona, la reina era también muy aficionada a la música y compartía esta afición con sus amigos plebeyos como el joven ciego Neferhotep, que la amaba en secreto. Otra de sus aficiones era la magia, afición que compartía con sus sirvientes sirios Kakuy y Kaku, que la habían criado desde niña, al morir su madre.

Ella fue la que descubrió el cadáver de su esposo en su despacho y tuvo que luchar por mantenerse en el poder en contra de las ambiciones de su padre el general Ay, Horemheb y el clan mitannio que eligió al joven Tutankhamón. Para mantener este poder, no dudó en recurrir a su familia hitita, pidiendo un hijo al rey Subiluliuma de Hatti, que envió al príncipe Zananza. Pero el joven y algunos de sus acompañantes murieron en Damasco. Posiblemente asesinados. Por eso tenía que estar precavida.

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