
- Te mostraré algunas de las cosas secretas que aquí se investigan y se guardan, para que veas a qué nos dedicamos, además de a divertirnos cambiando las formas y los diseños de las cosas que representamos. Algunas de ellas no te las revelaré por tu propia seguridad. Y otras muchas, aunque te las explicase, no las entenderías.
Sólo las entienden los sacerdotes que conocen complicadas fórmulas matemáticas, los antiguos principios sagrados de la materia, que son los que experimentan con ella- dijo Tutmés y Nefertiti comprendió la magia de aquel hombre, su conocimiento profundo de las cosas, la irrealidad de sus creaciones que vivían bajo la piedra y el barro informes y que él encontraba, haciéndolos vivir eternamente, mientras aquellas figuras mágicas existiesen.
Y se preguntó si alguna vez habría hecho materializarse un golem, un ser animado fabricado a partir de materia inanimada, una leyenda que se contaba en voz baja en el templo, algo que los sacerdotes se negaban a confirmar o negar. Se creía que era el trabajo final de la sabiduría y el conocimiento secreto y existían muchos relatos de golems conectados con sacerdotes ilustres durante toda la historia de Egipto.
Pero también se decía que muy pocos los habían visto, porque era crear una persona de la nada, algo que sólo el Demiurgo había conseguido, haciendo una imagen de arcilla y haciéndola vivir con su palabra mágica, cuando decidió crear el mundo que conocemos. A través del inmenso poder de la palabra, el Creador había ido activando mágicamente los distintos elementos a crear, que previamente habían sido concebidos por su pensamiento. Los egipcios no tenían dudas de que, cuando el Demiurgo pronunciaba el nombre de algo, gracias al poder mágico de la palabra, esa cosa que había expresado se materializaba y alcanzaba la vida. Y sólo alguien con un poder igual, un poderoso mago que conociese los secretos de la vida y de la muerte y dominase las palabras mágicas podía dar vida a una imagen de arcilla, que viviese o dejase de vivir según la voluntad de su creador, similar en poder al dios primordial
- Atum, el espíritu divino, flotaba en las aguas del Nun y según esos antiguos textos llegó un momento en que tomó conciencia de sí mismo y deseó dar vida a todo lo que existe. Fue en ese instante cuando la creación se inició, mi reina- dijo el hombre, volviéndose a Nefertiti.
- Se hizo la luz. Nació el sol. Se produjo el paso de la no existencia a la existencia. Habría de ser luego Ra, en cuanto suprema manifestación del Verbo, el que propagaría la creación tanto a través de la magia de la palabra como utilizando la fuerza de los signos escritos, trabajo en el que sería auxiliado por Thot, dios del conocimiento y de la escritura- Tutmés era ahora un maestro más que un amante. Y Nefertiti se preguntó cómo y por qué habría llegado a Egipto desde Creta aquel personaje que ella conocía tan bien, íntimamente, y que ahora se le mostraba, por primera vez tan desconocido que le estaba dando miedo.
Sólo había que tranquilizar a la reina, porque debía conocer por sí misma lo que su persona significaba en la rueda mágica del Uroboros, el tiempo infinito que ni empieza ni acaba y se representa como una serpiente que se muerde la cola. Y ese era, en primer lugar, el objeto de aquella visita. La misión que Tutmés, que la amaba, había aceptado de sus maestros inmortales. Entraron al fin los dos en una habitación iluminada por unas llamas amarillentas encerradas en lámparas de sal sujetas en varios puntos del techo. Una iluminación producida por una materia que se mantenía incandescente durante mucho tiempo, un extraño mineral del que Tutmés, que lo había descubierto casi por casualidad en las fórmulas casi borradas de unos antiguos textos hallados en Saqqara, estaba particularmente orgulloso, porque le permitía pintar en lugares sin sol directo, sin ahumar las paredes o el techo de las cámaras subterráneas que tenía que decorar.
-Verás señora. Tú sabes muy bien que los niños de leche no pueden comer de muchos alimentos porque morirían. ¿Verdad? Su cuerpo no está preparado aún para ciertas sustancias- afirmó, tajante y seguro de sus palabras y del efecto que deseaba que se produjese en la mente de Nefertiti.
La reina asintió, intrigada por la comparación que se veía venir. Pero, ¿Qué tenían que ver los bebés con el conocimiento?, se preguntó la soberana. Tutmés no le hizo esperar y aclaró su primera explicación:
-Grábalo en tu mente, Naomí. Porque has de oír y ver lo que hay dentro de ti a partir de hoy. Y empezaremos por un sencillo experimento- dijo el artista. Tomó asiento frente a ella y prosiguió su explicación, mientras un joven apareció de la nada de las sombras con algunos objetos que depositó sobre la mesa, tras Tutmés y volvió a desaparecer como había venido.