AKHENATÓN - El faraón "extraño"

Perfil del personaje en la novela

El joven Amenofis había llegado al trono por casualidad, siendo un niño de apenas doce años. Se decía en Egipto que su madre, la reina Tiyi, había hecho eliminar al príncipe heredero Tutmosis, hijo de la esposa secundaria Giluhepa, que había muerto prematuramente, prácticamente a la vez que su padre, el faraón Amenofis III, posiblemente de forma "accidental".

El caso es que aquella muerte inesperada del primogénito había dejado abierto el camino al trono al joven príncipe Amenofis, hijo de Tiyi, que tomó el nombre de Amenofis IV, cambiándolo luego, años después por el de Akhenatón, "El amado del Atón" y edificando una nueva capital, "La Ciudad del Horizonte", poniendo en primer lugar en los cultos oficiales a Disco Solar, Atón, y relegando al olvido al antaño dios oficial Amón, "el Oculto" de la antigua capital del sur, Tebas, atrayéndose el rencor de sus poderosos sacerdotes.

Al margen de especulaciones en las que se entretenía, el joven Amenofis hijo de Tiyi no estaba preparado para asumir el poder. Había sido educado como sacerdote del culto al sol en Heliópolis y Hermópolis, cuidado y vigilado por Maya, su tutor y presunto padre, según las malas lenguas. El joven príncipe era el Gran Vidente de Ra y gobernador del nomo de Heliópolis. Al morir su padre sólo tenía unos doce anos, una edad en la que su carácter soñador y taciturno le mantenía apartado de otros jóvenes. Hasta que su madre, ya en el poder como regente de su hijo, decidió que su educación sexual debía comenzar, con ella misma y sus amigos. Cuanto más débil de carácter fuese el joven mayor sería el poder de la reina y sus aliados, que manipularon el ya débil carácter del joven para que siguiera sus más bajos instintos.

Para ello, le rodearon de artistas, prostitutas, rufianes de la más baja relea, que se encargaron de debilitar su ya débil carácter, hacerle conseguir drogas y sobre todo, tenerle entretenido en su harén y en concebir con sus esposas y amantes un heredero varón.

El faraón era a la vez soñador y realista, sádico y tierno con sus mujeres y en su afán de conseguir un heredero varón, no dudó en tomar por esposas oficiales a sus jóvenes hijas, algunas de las cuales murieron de parto, malográndose sus hijos.

Su muerte fue tomada por todos sus súbditos como un asesinato ritual. Pero no fue aislada, ya que por la misma época murieron numerosos miembros de la familia real de una forma misteriosa, accidental, inesperada, en plena juventud casi todos.

Por ello, corrió la voz por todo Egipto y el Próximo Oriente, que una terrible maldición había caído sobre la familia real egipcia. Porque un asesino los buscaba para matarlos.

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